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Una de las láminas que ilustran su "Précis des leçons d'architecture données à l'École polytechnique", h.1805.
Una de las láminas que ilustran su “Précis des leçons d’architecture données à l’École polytechnique”, h.1805.

Jean Nicolas Louis Durand (1760-1834) anticipó la llegada de la modernidad elaborando una teoría de la arquitectura propositiva y pragmática. Su teoría serviría de base para la odisea de la técnica que comienza a vislumbrarse en la Francia revolucionaria de finales del siglo XVIII.

Durand fue alumno y colaborador de Boullée, uno de los grandes arquitectos iluministas y, a su vez, fue profesor de la novedosa École Polytechnique desde su fundación en 1795, considerada la antítesis de la École des Beaux-Arts. En 1805 publica su trabajo principal, un método (científico) para que el arquitecto pudiera proyectar un edificio nuevo: ‘Compendios de lecciones de arquitectura’.

Este nuevo método se basaba en ‘componer’ los espacios según su uso (hoy lo llamaríamos desarrollar un programa de usos). Y no en seleccionar un ‘tipo’ de edificio (iglesia-palacio-etc.) y adaptarlo a las necesidades. Vemos aquí una aproximación a la proyección arquitectónica desde un punto de vista racional: es un tratado de arquitectura cuyo método es eminentemente abstracto, y no basado en elementos de origen figurativo a través de la imitación. Esto ahora parece obvio pero hasta ese momento los tratadistas venían teorizando sobre cómo imitar a la naturaleza para garantizar el éxito.

Trabajar con un cierto nivel de abstracción permitirá al arquitecto dedicar el tiempo a resolver los problemas del edificio desde el punto de vista de la utilidad, que para él era fundamental. Para ello consideraba importante partir de un espacio cartesiano neutro (retícula) en donde poder organizar las diferentes piezas. La retícula posibilitaba que el arquitecto centrara su atención en la regularidad y la sencillez. De este modo había garantías de que el edificio proyectado ‘funcionara’ mejor e incluso fuera más barato. Esto les vino de maravilla porque en esa época la variedad de usos edificatorios se dispara por no decir que la modulación y la seriación era el mecanismo más apto para según qué usos. Pero aún hay más, ya que Durand creía conveniente distinguir los usos principales de los secundarios, como por ejemplo haría Louis Kahn 150 años más tarde distinguiendo los espacios servidos de los espacios servidores.

Como si de una ‘taxonomía de la arquitectura’ se tratara, clasificó los edificios y sus elementos (de composición) sin tener en cuenta valores estéticos. Las láminas tuvieron un éxito notable en toda Europa y, aunque fue un arquitecto neoclásico, sus lecciones son un origen lejano de la arquitectura moderna. Piénsese por ejemplo que Friedrich Schinkel construye el Altes Museum conociendo esta publicación y mucho más tarde Mies van der Rohe la Nueva Galería de Berlín (considerado por muchos un reflejo contemporáneo del anterior) que es una cuadrado porticado dentro de una cuadrícula cartesiana.

En la actualidad sabemos que ‘componer’ es una más de las variadas estrategias de proyección arquitectónica y que a veces, dada la complejidad de los condicionantes de partida puede resultar un método simplista. No obstante Durand no es un tratadista ‘tradicional’.

La arquitectura contemporánea lleva tiempo secuestrada por una locura formal que es parlanchina, molesta y estéril. Hace falta volver a considerar estrategias de proyección arquitectónica más razonables o códigos sensatos que domestiquen las pautas de proyección. Es necesario reconsiderar, como apunta Rafael Moneo en el prólogo a la edición en castellano de sus lecciones, la puesta en valor de métodos con un cierto valor normativo. Y Durand, que hoy cumple 255 puede servirnos de ayuda. Felicidades.