MIES: un cómic, dos arquitectos

Los que nos hemos formado como arquitectos hemos dibujado, muchas veces además, tanto en la Escuela como de viaje, los proyectos y las obras de los grandes arquitectos.

En las escuelas, a través de disecciones más o menos analíticas que nos permitían comprender cómo era el edificio, cuáles sus virtudes y fortalezas, para aprender cómo operan los arquitectos a la hora de enfrentarse a un proyecto; y en los viajes, apuntes rápidos del edificio en su entorno, como si se tratara de captar el instante preciso de la visita, el gozo que nos brinda la buena arquitectura a través de una postal autoeditada.

Por eso muchos arquitectos estamos recibiendo con entusiasmo la novela gráfica ‘Mies’, que narra parte de la vida y obra del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), uno de los arquitectos fundamentales del siglo XX. Su autor, el dibujante pamplonés Agustín Ferrer Casas es además de un fantástico dibujante, arquitecto de formación que, aunque no termina la carrera su vida profesional está permanentemente vinculada a la arquitectura. Esta mirada de arquitecto, con una visión integral de la realidad y un extraordinario uso de los recursos gráficos, es la que ha permitido a su autor explicar el personaje en toda su complejidad, sin caer en la tentación de la simplificación. La vida de Mies queda conformada a través de una narración llena de saltos en el tiempo y visiones complementarias, en donde la arquitectura adquiere la presencia precisa que va entre el telón de fondo y la sustancia inseparable al personaje.

El cómic, realizado en una edición que sorprende por su cuidado (Grafito Editorial), está prologado por Norman Foster, lo cual da una idea de la ambición con el que se ha enfocado esta biografía ficcionada. Su lectura, así como el excelente resultado del trabajo dejan un muy buen sabor de boca.

En Mies se mezclan la biografía de la persona con la del arquitecto, con encuentros y desencuentros profesionales, políticos y amorosos y todo ello gracias a los recursos que ofrece el dibujo y la narrativa, tan convenientemente utilizados por el autor. Lo interesante es que lo aplica en una biografía sobre el arquitecto cartesiano por excelencia, admirado mundialmente por su carácter implacable, su manejo indolente del orden y una obra tantas veces rigurosa e isotrópica. Pero las biografías –todos lo sabemos- están llenas de contradicciones y complejidades.

Pero como comentamos, más allá de la historia, la gran virtud de este cómic es el uso de los recursos, que son tanto temporales como, mucho más interesantes aún, espaciales.

Por un lado, en Mies se aprecia un manejo muy interesante de los tiempos narrativos. Las elipsis son constantes y en vez de mostrar la evolución lógica del arquitecto a lo largo de los años, hilvana con equilibrio los episodios más reseñables a través de saltos temporales muy bien modulados. El autor parece ser consciente de que una biografía lineal restaría interés y subrayaría una visión ortodoxa seguramente incierta.

Ayuda el hecho de que Agustín diferencia cada tiempo con fondos y tipografías diferentes, en un momento dado llegando incluso al mismísimo solapamiento temporal o, más adelante, haciendo coexistir el mismo personaje en diferentes momentos. En ambos casos, con dos de sus edificios fundamentales como principal escenario. Esto hace que la historia, insistimos, lejos de ser lineal, sea un constante ir y venir en el tiempo. De ahí que una de las máximas del arquitecto, ‘el espacio fluye’ sea uno de los leitmotiv de este libro.

La mixtión temporal también es espacial en esta obra. Si bien en las primeras páginas el autor viñetea el relato con una cierta uniformidad, poco a poco los recuadros van adquiriendo complejidad. Lejos de lo que cabría pensar si queremos retratar al arquitecto del orden por excelencia, subrayando lo que de él ya ha dicho la historiografía oficial, el autor complejiza voluntariamente esa ordenación de las viñetas, llegando a componer auténticas láminas narrativas, llenas de recuadros variables, tal y como muchas veces hacíamos en la escuela.

Y aquí sorprende el manejo extraordinario de las capacidades compositivas y espaciales del autor. Porque el relato se fragmenta y desordena para subrayar lo complejo del personaje y lo difícil que es retratar la vida y obra de alguien tan fascinante.

Mágicamente, el soporte de estas dislocaciones es la arquitectura. A veces como trasfondo de la narrativa, otras veces aprovechando las leyes de la perspectiva, que permite ubicar a los personajes en diversos escenarios a la vez, de modo que cada página doble es un espacio continuo de acontecimientos.

Por ello, la arquitectura está muy presente en esta historia porque es la que da soporte -literalmente- al relato, a través del encaje y la perspectiva.

Respecto a las obras de Mies, Agustín ha hecho algo con lo que todos los arquitectos soñamos: dar vida a la arquitectura, incluso a aquella que no tuvo la suerte de ser construida. En el libro aparece un buen repertorio de los edificios fundamentales del arquitecto, recreados con una minuciosidad científica. Pero lejos de adquirir una presencia atosigante o incluso pedante, cada referencia aparece con naturalidad. A veces ambientada en su trama urbana, con personas, tráfico y lluvia; otras veces como parte del proceso del diseño, a través de ideaciones, planos o maquetas dibujadas.

Es decir, la inclusión de sus obras se hace a través de recursos creativos, todos ellos perfectamente diseñados, fieles a una determinada lógica. Así, aparece Mies entre maquetas y planos o, lápiz en mano, trabajando en uno de sus planos más conocidos. Aparece la casa Farnsworth idealizada en la mente del arquitecto, difuminada en el paisaje antes de su construcción, como nunca antes se ha dibujado; o, mucho más real, el conjunto de Lake Shore Drive, cuya maqueta cobra vida frente a la satisfacción del arquitecto y la mirada de los paseantes. Frente a sus obras no realizadas, Agustín nos ofrece el lujo por un momento de ver construida la torre de la Friedrichstraße, si bien en este caso, curiosamente Mies pasea alejándose. Por un momento el edificio es una realidad, bendito poder, el de Agustín y bendita envidia, el del lector.

Curiosamente, la única fotografía que utiliza en el cómic es cuando aparece el collage para la propuesta de una sala de conciertos de 1942, para la que Mies utilizó una fotografía de una obra ajena, la nave industrial de Baltimore, de Albert Kahn (1937). El recurso de utilizar esta vez una fotografía intuyo que es doble:  además de explicar que se trata de un fotomontaje, se pretende señalar que el edificio no es de Mies.

Pretender explicar al público general, a la gente normal, cómo proyectaba Mies van der Rohe es harto complicado. Cuál era su operativa, cuál su evolución o sus influencias… es difícil entrar a explicarlo si no es replanteando el método narrativo. De este modo, las obras están, grosso modo, cronológicamente desordenadas y el autor comprende que un cómic no es el medio idóneo para explicar cada uno de los detalles que conforman el corpus teórico de Mies, mostrando así un inteligente pragmatismo. Esto mismo sucede con la historia que se narra, que se adereza con ficciones sugestivas que tienen la capacidad de ser verosímiles, alguna licencia en forma de cameo ‘metacómico’ totalmente permisible y un elemento simbólico en forma de córvido que aparece en los momentos más umbríos del relato.

He disfrutado su lectura desde el primer momento. Detrás hay un esfuerzo sobrehumano en poner orden a una biografía no tan lineal como cabría suponer.

Recientemente, mi colega José Ramón elaboró una lista para determinar los 20 edificios más interesantes de la arquitectura moderna, de la que se destila la lista de los arquitectos más influyentes del siglo XX. Aunque llena de sorpresas, las tres primeras posiciones de la lista la coparon Frank Llloyd Wright, y Mies van der Rohe y Le Corbusier empatados en segundo y tercer puesto. Animo, por lo tanto, a que Agustín Ferrer Casas se arme de valor para completar lo que podría ser una excelente trilogía.

Nota: las ilustraciones que he utilizado para ilustrar esta reseña son pequeñas y están voluntariamente recortadas. Si te ha suscitado interés, puedes comprar el cómic aquí.

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