Talka Galeria: Cierra la cultura


Néstor Basterretxea: Puntos Cardinales
Escultura 252 x 230 x 240, 1961

Esta semana hemos leído con tristeza que el espacio de Talka Galeria ha echado el cierre.

La situación social y económica provocada por una pandemia que está aguantando demasiado y que va mermando las fuerzas de todos nosotros, ha sido el desencadenante último, que no principal, del cierre de este proyecto cultural.

Gorka Basterretxea, promotor de Talka, hizo una apuesta seria desde los inicios, hace dos años, abriendo para toda la ciudad un espacio dedicado a la exhibición artística contemporánea en una ubicación inmejorable. Una inversión de vértigo, pero también un acto de generosidad. Comenzó con un homenaje soberbio a su padre, Néstor Basterretxea, uno de los artistas fundamentales de la vanguardia vasca de la segunda mitad del siglo XX. Y continuando con una apuesta coherente y de calidad, con la determinación de ofrecer a la ciudad,  para el disfrute estético, pero también reflexivo de los gasteiztarras, exposiciones de los autores consagrados de la creación artística alavesa. Por aquí pasaron los mejores: Mieg, Ortiz de Elgea, Mintxo, Lafuente, San Román, o Paco San Miguel, entre otros. Y otros autores de tierras vecinas, pero de una trayectoria indiscutible. Todos ellos han dejado en su conjunto un poso de calidad que, echando la vista atrás, da la impresión de que se nos ha escurrido entre los dedos como una gran oportunidad perdida. Detrás de cada exposición o evento ha habido un trabajo ímprobo. Si esto es muy difícil de conseguir incluso con la ayuda de las instituciones, el mérito de Talka Galeria debemos de considerarlo doble.

El cierre de este espacio expositivo subraya el fiasco indiscutible de Vitoria-Gasteiz como soporte del tejido cultural. Un tejido latente, con suficiente músculo y masa crítica para luchar por su único interés: que la ciudad consuma cultura. Pero un tejido que necesita subsistir económicamente. Como lo necesitan las terrazas, la gastronomía, el fútbol o el comercio.

La industria cultural alavesa lleva desde mucho antes de la pandemia ausente del mimo de la administración, ajena al foco de los proyectos políticos estructurales, y desde luego (y esto es lo más preocupante), huérfana del interés general de la ciudadanía.

La cultura es un bien de consumo que otorga beneficios inagotables para las personas: es un medio de acceso al conocimiento (y al autoconocimiento). Ver la realidad a través de una obra artística hace que nuestra mente adquiera capacidades analíticas. Comprender e interpretar los mensajes codificados de una creación artística nos otorga una actitud crítica para enfrentarnos a los problemas de la vida. La cultura, en fin, nos hace mejores personas.

Gorka, a lomos de Talka, ha cabalgado casi en solitario, acaso como Lawrence de Araba, con la única ayuda del propio sector cultural, de los compañeros, amigos y artistas invitados y de las personas que han mostrado un interés en consumir cultura.

Desde la Delegación de Álava del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro queremos mostrar el agradecimiento a Talka Galeria por su generosidad en la organización de las visitas guiadas en las que hemos podido disfrutar de la compañía de los creadores, así como todo nuestro apoyo en el desarrollo de futuros proyectos. Proyectos que -insistimos- la ciudad necesita.

Ekain Jiménez Valencia

Vocal de cultura del COAVN – Álava

26/8/2020

Talka Galeria: Cierra la cultura

Arroz caldoso con calamar en puchero.

Sobre el medir en la cocina y en la arquitectura: reflexión ligera (que hay hambre)

Nunca apunto las recetas y casi siempre cocino a ojo. Elijo los ingredientes a ojo y, por supuesto, echo las cantidades a ojo. La intensidad del fuego, también a ojo. Como los tiempos de cocción. Casi todo va a ojo. Sospecho que cocino casi como proyecto.

Pero a veces -menos de las que me gustaría-, ocurre que el resultado es realmente bueno. En tales casos anoto la receta, aunque en un futuro esa receta se pierda entre los papeles y caiga en el olvido. Pero este es otro tema. En la cocina sucede, entonces, como en la arquitectura. Porque el arquitecto, cuando descubre que en un edificio que visita algo funciona realmente bien, suele tomar buena nota de ello. Como cuando, tras una buena degustación, el agraciado pide la receta al cocinero (y este, educadamente, no se la da). En el caso de los pequeños descubrimientos arquitectónicos, por suerte, la receta suele estar a la vista: una estancia bien resuelta, un detalle constructivo ingenioso, unos huecos perfectamente planteados. A menudo sucede, como en la cocina, que este feliz hallazgo consiste en un problema de medida bien resuelto*: un aseo que aun teniendo un tamaño diminuto funciona muy bien. O un zaguán que por tener una altura ajustadísima pero controlada ofrece unas sensaciones particulares. O una escalera que es sorprendentemente cómoda para subirla y bajarla. En tales casos, sacamos el metro, medimos, y tomamos nota. Cualquier buen arquitecto mide y anota esos felices hallazgos. Si por un casual el día menos pensado entras a un aseo de un bar y te encuentras a alguien con el metro midiendo la distancia entre el inodoro y la puerta, te habrás topado con un espécimen de esos de los que te estoy hablando.

Todo esto viene porque el arroz de hoy me ha salido espectacular.

Así que al lío:

El día antes preparé una salsa de tomate para una buena rodaja de bonito que nos lo zampamos tan ricamente. Para el tomate: uno o dos pimientos verdes y unos cuantos ajos (esa es la medida), una cebolleta, una cebolla, 3 ó 4 tomates maduros y pelados, un buen chorro de aceite del bueno, sal, y en este caso muchas hojas de laurel y algo de azúcar. Lo tenemos chopchopeando todo el tiempo que haga falta (ni un minuto más, ni uno menos), quitamos el laurel y trituramos.

Hoy: pochamos una cebolla picada un buen rato. Lo de pochar, cuanto más tiempo, mejor. Esa es la medida. Entretanto, limpiamos un buen calamar y lo troceamos. Mezclamos bien bien la tinta con algo de agua (sin pasarse pero sin quedarse cortos). En una olla grande y honda echamos una buena cantidad de esa salsa de tomate junto con el calamar troceado y la tinta diluida. Y añadimos 25cl de vino blanco (en este caso un Bourgogne). Removemos unos minutos. Añadimos los trozos del buen calamar y le ponemos la tapa exprés. Cuando pita apartamos, esperamos, volvemos a ponerlo al fuego y añadimos el arroz bomba, como para cuatro, o un poco más. Que se vaya haciendo, como unos 20 minutos, echando algo de agua si vemos que hace falta y removiendo muy poquito.

Cuando hayamos decidido que ya casi está, añadimos un buen puñado de gamba buena, tapamos, y apartamos. En lo que hayamos puesto la mesa ya lo podremos servir y zampar.

Lo dicho: todo se resumen en resolver un problema de medida: uno o dos, un chorrito, todo el rato que haga falta, maomenos. Buen provecho.

Arroz caldoso con calamar en puchero.

Christo (1935-2020) / Jeanne-Claude (1935-2009)

El domingo de la semana pasada murió el artista Christo (Gabrovo, Bulgaria 1935). Jeanne-Claude (Casablanca 1935) lo hizo en 2009.

Entre ambos envolvieron el paisaje natural y construido con miles de metros cuadrados de tela. No fue tarea banal. Crearon algo realmente nuevo sobre lo construido, lo existente, lo ya sabido. El inicio: unas latas, un sofá.

En 1962, realizan este fotomontaje: Wrapped Public Building (Project for Arc de Triomphe, Paris). Mucho antes de envolver el Pont Neuf, el Reichstag o la costa de Little Bay, apuntaron hacia lo más alto: el Arco de Triunfo de París debía ser envuelto. 1962: tenían 27 años.

Del primer proyecto al último, del Arco de Triunfo al Arco de Triunfo. Tras 58 años de recorrido, sin dejar de perder el foco en ese icónico monumento, este 2020 el Arco iba a convertirse en el último objeto envuelto por Christo y Jeanne-Claude. Del 2020 al 2021, pospuesto por la pandemia.

En este hilo se muestra este último proyecto que pronto verá la luz, con Christo y Jeanne-Claude ausentes. Más de 30 producciones, todas diferentes y que subrayan el poder evocador de esa idea tan potente que es envolver un objeto pétreo de gigantescas dimensiones con fina tela.

Tapar ofrece la doble operación de anular lo que ya existe, y de crear algo nuevo.

No obstante, aun tapando opacamente la forma subyacente permanece. La nueva creación tiene mantiene una doble condición: es un objeto nuevo pero mantiene una carga genética. Los envoltorios se mueven entre la figuración y la abstracción; entre la tradición y la modernidad.

En vez de tapar, quizá sea envolver, como las dádivas y las ofrendas. Desde el origen de los tiempos, se envuelve todo lo más valioso, a través de elaborados rituales, más en unas culturas que en otras. A través de ritos antiquísimos esos objetos se transforman simbólicamente, adquiriendo más valor cuando sean desenvueltos.

También se envuelve para preservar. Los pequeños objetos del ajuar, la moneda valiosa. Aquí: una forma categórica y literal de conservar el objeto tapado. El Arco de Triunfo es el Monumento francés por antonomasia. Signo europeo. Tal vez se subraye la crisis de valores.

Pero, valga la paradoja, la conservación literal del monumento es efímera: apenas durará 16 días. En este proyecto temporal, se repiten los hechos: el edificio beauxartiano que ahora se envuelve, al que se le notan sus formas, dijo en su día lo mismo: era un envoltorio de piedra.

El tamaño también nos traslada otra enseñanza: la proeza que supone volver a construir. Rememoramos el pasado de los grandes constructores. Toda la energía que supuso conformar la costa de Little Bay, el trabajo de labrar la piedra de un monumento histórico, tienen su eco en el esfuerzo mental, material y logístico de su envolvimiento.

Desde el punto de vista puramente formal la envoltura es el símbolo de todo el camino que ha sido necesario recorrer para llegar a ese momento. Toda construcción es un conjunto de telas tensadas de una consistencia perfectamente inteligible.

La presencia del objeto puro y abstracto, extraordinariamente grande y perfectamente implantado en un paisaje artificial de traza hausmanniana genera un visión poderosa. Desde cualquier punto de vista se celebra este hallazgo que se mueve entre lo artístico y lo cinematográfico.

La iconografía (del monumento, de la ciudad, del país) acompaña a la imagen. La bandera de la V República. Las luces de los coches en la Ville lumière. La omnipresente torre Eiffel. La Patria. El Triunfo y la Muerte. Un mensaje que se transmite con insistencia. A veces asusta.

El Triunfo y la Muerte; el Arco de Triunfo y la Tumba al Soldado Desconocido: ¡Vous ne rentrerez dans vos foyers que sous des arcs de Triomphe! Y, al mismo tiempo, ¡Ici repose un soldat français mort pour la patrie!

Un gran arco de 1806, victoria napoleónica, diseño de Jean Chalgrin y Jean-Arnaud Raymond. Mucho más apropiado que el fallido elefante de Charles Ribart (1758) y cuya trompa escupía chorros de agua. Christo y Jeanne no hubieran decidido envolver un elefante.

El museo dentro, el mirador arriba. Los buses turísticos rodean el Monumento. La imagen del arco es explotada constantemente. Aquí también. Pero las imágenes de Christo, que hablan ese mismo lenguaje cuasipopular, lo hacen sin retórica.

La imagen puede multiplicarse fácilmente, siempre con rotundo éxito comercial. La re-producción del arte alcanza en esta propuesta un equilibrio ambiguo. Algunos pensarán que esto se traspasa.

La obra artística ya ha comenzado a producirse. El preparativo (económico) para sufragar la gran inversión que esta acción supone son los collages de gran formato que se muestran aquí. El mundo del arte se desenvuelve bien con la mercadotecnia.

Reparando en las imágenes, se puede comprobar otro hecho paradójico: la gran similitud de todas las imágenes, sí, pero también la extraordinaria potencia plástica de todas ellas. La financiación de una gran acción artística a través de una acción bien planteada. La idea es potente sin discusión, y la expresión gráfica, acertadísima.

Aunque este acierto esconde un engaño: casi todos los bocetos que se muestran, salvo este (1988) datan de 2018 y 2019. No son documentos de trabajo. Son producciones una vez el proyecto ya se ha detallado. Son postales prehorneadas. Y como ocurre con los souvenirs, todos son al mismo tiempo iguales pero distintos.

Iguales pero diferentes…

Casi se tocan…

…los souvenirs…

[Fui profesor ayudante –o como se diga– de Análisis de Formas un par de años. Esta propuesta contiene todo lo que cabría esperar de un sobresaliente trabajo de fin de curso. Potencia plástica, oficio en el dibujo y el montaje, y capacidad de sugestión.]

Toda esta producción, próximamente a la venta, es la que garantizará que el proyecto de envolver el Arco se autofinancie: Polipropileno azul reciclable de cerca de 25.000 metros cuadrados; para fijar la tela se emplearán 2.137 metros de cuerda roja en origen y que ahora serán 7.000.

La obra se podrá ver y visitar durante 16 días desde el sábado 18 de septiembre hasta el domingo 3 de octubre de 2021. Centro Georges Pompidou expondrá una retrospectiva.

«Treinta y cinco años después de que Jeanne-Claude y yo empacamos el Pont-Neuf, estoy impaciente por volver a trabajar en París para llevar a cabo nuestro proyecto para el Arco del Triunfo».

¡Hasta siempre, Christo y Jeanne-Claude!

Las imágenes vienen de la página web de los artistas. Os recomiendo que la vistéis: https://christojeanneclaude.net/…/artworks/realized-projects

Christo (1935-2020) / Jeanne-Claude (1935-2009)

Reales Atarazanas

Guillermo vázquez Consuegra: Rehabilitación del edificio de las Reales Atarazanas de Sevilla, 2017.

‘Añadir cosas sobre las cosas forma parte del discurso que ha permitido la construcción de los centros históricos’.

El espacio de planta baja se resuelve como una gran plaza pública cubierta. Las grandes bóvedas de ladrillo quieren acoger todo tipo de actividades y la fachada se quiere abrir a la calle 2 de Mayo. Sobre la imponente construcción medieval de ladrillo se levanta, desarrollado en franjas paralelas, el Centro Cultural, que mantiene en esencia las cubiertas industriales de los pabellones existentes y que respeta la morfología volumétrica, de tal modo que las posibles alteraciones hablan el lenguaje que siempre se ha hablado allí. Quizá con algún aspecto mejorable, como los lucernarios de las cubiertas a dos aguas, poco compatibles con el sol sevillano, o como la decisión de ubicar la cafetería en la terraza panorámica.

También hay que decir que esta versión cuyas imágenes aquí se muestran mejora notablemente algunos aspectos muy secundarios, casi visuales, de la primera versión del proyecto. Véase, por comparar, la última foto de la maqueta, con materiales y colorido de una retórica peligrosa: a la hora de trabajar con el patrimonio construido es fundamental que se entienda perfectamente bien -y en voz bajita- cómo se pretende intervenir. Esto se ha corregido en la última versión, además notablemente.

El proyecto de Vázquez Consuegra está siendo objeto de dudas y desconfianza de quien quizá espera que nada cambie. Le está costando salir adelante. El edificio está considerado Bien de Interés Cultural, y por lo tanto tiene una protección que obliga a una intervención delicada. Se le achaca el hecho de que se le incorporen volúmenes invasivos, o añadidos ¿excesivamente contemporáneos? Si ese es el problema, no le veo mayor problema: este edificio ha adquirido su configuración actual, su presencia real, a través de todo tipo de intervenciones desde su origen como atarazana medieval del siglo XIII, encargadas muy probablemente por el rey Alfonso X. Ha crecido y ha sido parcialmente demolido. A conocido épocas alegres e intervenciones desgraciadas. Hasta llegar a un situación que debería considerar la suma de todas esas circunstancias, y el hecho, también circunstancial, propia de nuestra contemporaneidad, de una actuación que pretende garantizar la pervivencia a travé sde usos y funciones cuyos estándares no son los de hace siglos.

Se pretende abrir el edificio a la calle dos de Mayo. Una buena decisión si se pretende lograr una permeabilidad entre interior y exterior con una mínima intervención.

En este caso, la existencia es poco más que un vestigio, un vestigio grandioso, eso sí: permanecen los muros de ladrillo como enormes huellas a las que se han ido superponiendo, pisada tras pisada, una multitud de intervenciones que se han ido sumando, nunca restando. Esto nos obliga a concluir que quizá, en los casos en los que el edificio es producto de múltiples tiempos, no convendría coger la declaración del BIC en sentido literal: la piedra no es intocable. Esto lo sabe muy bien la Historia.

Dice Hispania Nostra que ‘el proyecto (…) contiene alteraciones sustanciales de la estructura del conjunto y también obra nueva absolutamente inapropiada, lo que es inadmisible en un monumento de esta categoría’. En mi opinión es inaceptable que se sancione una intervención contemporánea en un edificio ruinoso por el mero hecho de ser contemporánea, sobre todo cuando su uso y pervivencia pende de un hilo. Una ‘obra nueva’ hecha con respecto y sensibilidad siempre debe ser bienvenida si con ella el edificio antiguo vuelve a respirar y a llenarse de vida.

Los buenos edificios resisten precisamente porque saben cambiar. Creo que este es un buen proyecto. Ojalá se haga realidad. Ojalá, al menos, ese gran espacio cobre el uso y la actividad que se merece.

Bueno. Son notas quizá sin fundamento de un tipo del norte sobre un edificio muy al sur. Tomemos pues los comentarios con su debida distancia.

Reales Atarazanas

Helsinki Dreispitz H&deM

A veces, cuando vemos un edificio sin mucha más información, o unas pocas fotos, nos puede costar trabajo llegar a una conclusión sobre si es o no un buen proyecto. No es un me gusta o no me gusta inmediato. La crítica no va de eso. Esta semana, en la vecina Twitter, Fraisku puso imágenes del condominio de viviendas Helsinki Dreispitz de Herzog & de Meuron, en Basilea (2007-2014). Esta vez me ha costado tiempo saber, comprobar, dirimir si el proyecto ‘estaba bien’… o no. Pese a esa formalización tan aparentemente arbitraria de su volumen y su fachada, mi cabeza pensaba ‘sí: eso hace clic’.

He ido (virtualmente) al sitio: una zona de nadie, un páramo industrial con pabellones, camiones aparcados en el asfalto y vías de tren. Un no-lugar como la copa de un pino. Invendible. Clic: los arquitectos han diseñado un ‘producto’ lógico y potente. Atractivo y vendible. Tanto por dentro como por fuera. Clic.

Este edificio, en un contexto residencial convencional pudiera no tener sentido. Quizá haría daño al paisaje. Pero ahí, sin acudir a fórmulas circenses, se concentra el esfuerzo en provocar un elemento con carácter, pero tan autónomo como afín al contexto, y ojo, con un tipo de vivienda de generosas dimensiones sólo accesible al buen bolsillo. Aunar esta contradicción (vivienda de lujo + entorno hostil) es el reto. Y este edificio, la respuesta inteligente.

Que oiga, quizá me equivoque. Pero vuelvo a la idea inicial: ‘A veces, cuando vemos un edificio, nos puede costar trabajo llegar a una conclusión sobre si es o no un buen proyecto. No es un me gusta o no me gusta inmediato. La crítica no va de eso.’ A mí me han convencido en este caso, aunque el edificio tiene soluciones -secundarias- que se podían haber revisado.

Pero hay más consistencia de la que parece en algunas decisiones. Por ejemplo, los pilares inclinados. Necesario si se pretende llegar a una volumetría con fachadas inclinadas, ya que de este modo se evitan pilares en medio de las estancias de las plantas inferiores. A su vez, entiendo que la forma del volumen con esas fachadas inclinadas tiene que ver con la pretensión de definir una imagen rotunda, quizá también con la edificabilidad, y también, muy probablemente con la búsqueda de la luz natural.

La doble fachada que combina yuxtaponiendo la retícula estructural inclinada y el cierre vertical de la carpintería es particularmente sugerente por su ambigüedad: son dos fachadas seriadas, e isotrópicas que juntas provocan una distorsión visual interesante. El resultado es un edificio de aparente inestabilidad que en el ámbito residencial es poco habitual. Se hace esto además sin acudir a recetas de gratuita formalidad.

Clic para ver mejor.
apartamentos Lake Shore Drive (Chicago, 1949). Mies Van der Rohe. Por comparar…

Los apartamentos funcionan bien, pero esto es fácil con la tanta superficie. Comparado con los de Lake Shore Drive de Mies van der Rohe, han ‘desenrollado’ el programa ubicando un baño a fachada. La zona de día es como una gran sala-galería, una casa de los objetos, ideal para el mundo del artisteo. Como producto inmobiliario funcionan estupendamente: si eso es lo que se persigue, las operaciones llevadas a cabo son razonables. Hay menos circo que en muchos de los últimos inventos de estos arquitectos.

Por último, hay una clara alusión a la tradición del gótico civil, a la torre medieval del entorno, pongo unas imágenes como ejemplo. Una construcción con un basamento-torre más estrecha, y una coronación, la construcción principal, que se ensancha, Usan ese mismo ‘tipo’ y lo distorsionan. La cabeza del observador es ágil, establece esa relación. Hay también cierta retórica con algunos elementos como los tornapuntas, pero estos tienen cierta misión estructural, ayudan a mitigar el impacto de las bajantes, y ayudan a subrayar la mencionada analogía.

Leyendo la descripción del proyecto, se entiende aún más la operación: es un proyecto que se desarrolla a lo largo de muchos años, en un entorno industrial de 50 hectáreas que pertenece a un único propietario, que ha crecido sin prácticamente planificación y en donde se va a establecer la academia de Arte y Diseño. Un lugar que provoca una extrañeza física pero que supondrá un potente foco de atracción. Herzog & de Meuron han decidido establecer ahí su archivo, precisamente en el gran basamento opaco de hormigón. A esta planta baja, de gran altura, se le asigna una función específica en la que la solución de búnker es el paso lógico. Este basamento opaco y homogéneo contrasta con la retícula residencial y refuerza la apariencia tan potente la estructura. Clic.

Estas notas provienen de la vecina twitter, en donde nos pasamos el día parloteando sobre arquitectos y edificios:

Helsinki Dreispitz H&deM

MIES: un cómic, dos arquitectos

Los que nos hemos formado como arquitectos hemos dibujado, muchas veces además, tanto en la Escuela como de viaje, los proyectos y las obras de los grandes arquitectos.

En las escuelas, a través de disecciones más o menos analíticas que nos permitían comprender cómo era el edificio, cuáles sus virtudes y fortalezas, para aprender cómo operan los arquitectos a la hora de enfrentarse a un proyecto; y en los viajes, apuntes rápidos del edificio en su entorno, como si se tratara de captar el instante preciso de la visita, el gozo que nos brinda la buena arquitectura a través de una postal autoeditada.

Por eso muchos arquitectos estamos recibiendo con entusiasmo la novela gráfica ‘Mies’, que narra parte de la vida y obra del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), uno de los arquitectos fundamentales del siglo XX. Su autor, el dibujante pamplonés Agustín Ferrer Casas es además de un fantástico dibujante, arquitecto de formación que, aunque no termina la carrera su vida profesional está permanentemente vinculada a la arquitectura. Esta mirada de arquitecto, con una visión integral de la realidad y un extraordinario uso de los recursos gráficos, es la que ha permitido a su autor explicar el personaje en toda su complejidad, sin caer en la tentación de la simplificación. La vida de Mies queda conformada a través de una narración llena de saltos en el tiempo y visiones complementarias, en donde la arquitectura adquiere la presencia precisa que va entre el telón de fondo y la sustancia inseparable al personaje.

El cómic, realizado en una edición que sorprende por su cuidado (Grafito Editorial), está prologado por Norman Foster, lo cual da una idea de la ambición con el que se ha enfocado esta biografía ficcionada. Su lectura, así como el excelente resultado del trabajo dejan un muy buen sabor de boca.

En Mies se mezclan la biografía de la persona con la del arquitecto, con encuentros y desencuentros profesionales, políticos y amorosos y todo ello gracias a los recursos que ofrece el dibujo y la narrativa, tan convenientemente utilizados por el autor. Lo interesante es que lo aplica en una biografía sobre el arquitecto cartesiano por excelencia, admirado mundialmente por su carácter implacable, su manejo indolente del orden y una obra tantas veces rigurosa e isotrópica. Pero las biografías –todos lo sabemos- están llenas de contradicciones y complejidades.

Pero como comentamos, más allá de la historia, la gran virtud de este cómic es el uso de los recursos, que son tanto temporales como, mucho más interesantes aún, espaciales.

Por un lado, en Mies se aprecia un manejo muy interesante de los tiempos narrativos. Las elipsis son constantes y en vez de mostrar la evolución lógica del arquitecto a lo largo de los años, hilvana con equilibrio los episodios más reseñables a través de saltos temporales muy bien modulados. El autor parece ser consciente de que una biografía lineal restaría interés y subrayaría una visión ortodoxa seguramente incierta.

Ayuda el hecho de que Agustín diferencia cada tiempo con fondos y tipografías diferentes, en un momento dado llegando incluso al mismísimo solapamiento temporal o, más adelante, haciendo coexistir el mismo personaje en diferentes momentos. En ambos casos, con dos de sus edificios fundamentales como principal escenario. Esto hace que la historia, insistimos, lejos de ser lineal, sea un constante ir y venir en el tiempo. De ahí que una de las máximas del arquitecto, ‘el espacio fluye’ sea uno de los leitmotiv de este libro.

La mixtión temporal también es espacial en esta obra. Si bien en las primeras páginas el autor viñetea el relato con una cierta uniformidad, poco a poco los recuadros van adquiriendo complejidad. Lejos de lo que cabría pensar si queremos retratar al arquitecto del orden por excelencia, subrayando lo que de él ya ha dicho la historiografía oficial, el autor complejiza voluntariamente esa ordenación de las viñetas, llegando a componer auténticas láminas narrativas, llenas de recuadros variables, tal y como muchas veces hacíamos en la escuela.

Y aquí sorprende el manejo extraordinario de las capacidades compositivas y espaciales del autor. Porque el relato se fragmenta y desordena para subrayar lo complejo del personaje y lo difícil que es retratar la vida y obra de alguien tan fascinante.

Mágicamente, el soporte de estas dislocaciones es la arquitectura. A veces como trasfondo de la narrativa, otras veces aprovechando las leyes de la perspectiva, que permite ubicar a los personajes en diversos escenarios a la vez, de modo que cada página doble es un espacio continuo de acontecimientos.

Por ello, la arquitectura está muy presente en esta historia porque es la que da soporte -literalmente- al relato, a través del encaje y la perspectiva.

Respecto a las obras de Mies, Agustín ha hecho algo con lo que todos los arquitectos soñamos: dar vida a la arquitectura, incluso a aquella que no tuvo la suerte de ser construida. En el libro aparece un buen repertorio de los edificios fundamentales del arquitecto, recreados con una minuciosidad científica. Pero lejos de adquirir una presencia atosigante o incluso pedante, cada referencia aparece con naturalidad. A veces ambientada en su trama urbana, con personas, tráfico y lluvia; otras veces como parte del proceso del diseño, a través de ideaciones, planos o maquetas dibujadas.

Es decir, la inclusión de sus obras se hace a través de recursos creativos, todos ellos perfectamente diseñados, fieles a una determinada lógica. Así, aparece Mies entre maquetas y planos o, lápiz en mano, trabajando en uno de sus planos más conocidos. Aparece la casa Farnsworth idealizada en la mente del arquitecto, difuminada en el paisaje antes de su construcción, como nunca antes se ha dibujado; o, mucho más real, el conjunto de Lake Shore Drive, cuya maqueta cobra vida frente a la satisfacción del arquitecto y la mirada de los paseantes. Frente a sus obras no realizadas, Agustín nos ofrece el lujo por un momento de ver construida la torre de la Friedrichstraße, si bien en este caso, curiosamente Mies pasea alejándose. Por un momento el edificio es una realidad, bendito poder, el de Agustín y bendita envidia, el del lector.

Curiosamente, la única fotografía que utiliza en el cómic es cuando aparece el collage para la propuesta de una sala de conciertos de 1942, para la que Mies utilizó una fotografía de una obra ajena, la nave industrial de Baltimore, de Albert Kahn (1937). El recurso de utilizar esta vez una fotografía intuyo que es doble:  además de explicar que se trata de un fotomontaje, se pretende señalar que el edificio no es de Mies.

Pretender explicar al público general, a la gente normal, cómo proyectaba Mies van der Rohe es harto complicado. Cuál era su operativa, cuál su evolución o sus influencias… es difícil entrar a explicarlo si no es replanteando el método narrativo. De este modo, las obras están, grosso modo, cronológicamente desordenadas y el autor comprende que un cómic no es el medio idóneo para explicar cada uno de los detalles que conforman el corpus teórico de Mies, mostrando así un inteligente pragmatismo. Esto mismo sucede con la historia que se narra, que se adereza con ficciones sugestivas que tienen la capacidad de ser verosímiles, alguna licencia en forma de cameo ‘metacómico’ totalmente permisible y un elemento simbólico en forma de córvido que aparece en los momentos más umbríos del relato.

He disfrutado su lectura desde el primer momento. Detrás hay un esfuerzo sobrehumano en poner orden a una biografía no tan lineal como cabría suponer.

Recientemente, mi colega José Ramón elaboró una lista para determinar los 20 edificios más interesantes de la arquitectura moderna, de la que se destila la lista de los arquitectos más influyentes del siglo XX. Aunque llena de sorpresas, las tres primeras posiciones de la lista la coparon Frank Llloyd Wright, y Mies van der Rohe y Le Corbusier empatados en segundo y tercer puesto. Animo, por lo tanto, a que Agustín Ferrer Casas se arme de valor para completar lo que podría ser una excelente trilogía.

Nota: las ilustraciones que he utilizado para ilustrar esta reseña son pequeñas y están voluntariamente recortadas. Si te ha suscitado interés, puedes comprar el cómic aquí.

MIES: un cómic, dos arquitectos

Sobre Titulares clickbait. Y sobre el Náutico de San Sebastián.

Desde hace unas pocas semanas he colaborado, si se puede decir colaborar a que te pidan tu opinión un par de veces y la des, en algunos artículos de Icon Design, del diario El País, relacionados con la arquitectura moderna, más en concreto con artículos que trataban el tema de la protección de la arquitectura moderna, su divulgación, nuestro patrimonio construido, a fin de cuentas. Esta última vez, porque será la última, sobre la reciente intervención del Real Club Náutico de San Sebastián.

Fantástica foto del edificio en la actualidad. Fotografía de Manuel Revilla, @ManuelRevilla57.

Los artículos llevaban un enfoque apropiado, en mi opinión. Al menos permitían trasladar al gran público una serie de cuestiones que a los arquitectos nos preocupan. Sobre todo, asuntos que tenían que ver con la importancia de proteger la buena arquitectura como se protegen los buenos monumentos de mucho tiempo atrás. Este enfoque chocaba al final del trabajo (y al comienzo del artículo) con un titular descontextualizado que buscaba a fin de cuentas que el lector hiciera clic para adentrarse en la noticia, en el fundamento de lo que se dice y expone.

El famoso clickbait. Como el de esta semana:

De esta guisa titula sus artículos Icon Design de El País.

Esta vez, en la que me pidieron opinión sobre el Real Club Náutico de San Sebastián, y su reforma reciente, el artículo ha contado en su titular con la aparición estelar del Ecce Homo. Vuelvo a decirlo, por lo general bien escrito, y desde aquí agradezco al autor su interés, aun cuando unos u otros pudíeramos tener puntos de vista diferentes sobre alguna intervención en concreto. Por ejemplo, yo no tengo del todo claro que la reforma del teatro de Sagunto sea (hoy en día) un error , pese a que en su día fuera un error y viniera acompañada de sentencia de demolición.

Matices de fondo aparte, el fundamento de esta entrada es doble:

  1. Expresar el hartazgo acerca de cómo Icon El País titula los artículos.
  2. Aprovechar el momento para explicar y divulgar el caso del Club Náutico de san Sebastián.

El artículo de Icon Design salió ayer a la noche e iba sin firma, lo cual me induce a pensar que algo ha debido de pasar en la redacción para que sea anónimo: ¿quizá mi hartazgo es compartido? Lo desconozco, no he tenido contacto con el redactor sobre esta cuestión. Y mucho menos con el jefe de redacción. Lo que sí tengo claro es que si tenemos que hacer divulgación de los valores de la arquitectura moderna a base de permitir este tipo de titulares, este no es el camino, este no es el medio adecuado. Aun teniendo un interés particular en este tema, cada día lo tengo más claro: si queremos divulgar la arquitectura moderna, de forma pedagógica, el contenido y la forma han de ir necesariamente de la mano.

Por otro lado, yo a lo mío: sobre el Náutico de San Sebastián me limito a copiar y pegar el texto que envié, escrito de una tacada y por lo tanto seguramente con errores. Una puesta en contexto y una breve explicación sobre la reciente intervención del Real Club Náutico de San Sebastián, realizado por el arquitecto José Ángel Medina Murua y que desde un primer momento, cuando saltó la polémica, defendí. Al menos en el artículo queda bien explicado (un Ecce Homo menos, y menos tonterías):

‘La ampliación del Real Club Náutico de Donostia (1928-1929) es un proyecto de los arquitectos José Manuel Aizpurúa y Joaquín Labayen, una pareja de jóvenes arquitectos que cuando hacen el edificio no llegan a los 30 años y que constituye el primer proyecto de importancia, después de pequeñas actuaciones de interiorismo previas.

Aizpurúa era un hombre inquieto, funda la Sociedad Artística Gu (de ahí que la actual discoteca lleve el mismo nombre) y tras el edificio, interesado por las vanguardias arquitectónicas, se une al GATEPAC, liderando el Grupo Norte de esta asociación de arquitectos de todo tipo de ideología.

Poco después colabora en la fundación de Falange Española (suyos son los diseños de la maquetación del diario Arriba). Este hecho ha generado mucha polémica, cuando lo cierto es que en esta época los discursos políticos de los arquitectos van por un lado, y la calidad o la admiración mutua entre colegas, por otro.

El edificio es una reforma del Real Club Náutico anterior, que básicamente consistía en un contenedor de muros de piedra, y que en origen era una pequeña piscifactoría. Son los muros inferiores del edificio actual. El elemento originario contaba ya, a modo de reclamo, con un mástil que sugería el mundo del mar. Además de una pérgola de tubos de acero y lona que cubrían el techo de esta primera instalación.

El proyecto de Aizpurúa y Labayen se apoya en el elemento originario de muros de piedra que se encalan de blanco en el proyecto y que hoy constituye la base del ‘barco’. Sobre esa base emerge el volumen limpio y blanco, y que queda rematado por la curva característica y que en aquella época debió de causar sensación.

Tan es así que el propio Le Corbusier visitará el edificio, de paso por un viaje que realiza a España, en 1930, y sugestionado por los ecos que este edificio provoca en diversas publicaciones europeas especializadas.

Aunque las obras finalizan en 1929, poco después los arquitectos llevan a cabo otra reforma que consiste en levantar sobre el volumen trasero una terraza cubierta. Esto ocurre en 1947.

Aquí, fotos de la evolución: https://www.rcnss.com/club/edificio/

SOBRE LA REFORMA:

Más adelante, el edificio, que en esencia se mantiene tal y como fue concebido, se va vistiendo de elementos ornamentales propios del lenguaje náutico: barandas de cuerdas de barco, banderines, y otra serie de elementos ligeros impropios del proyecto original, que se concibe como una máquina totalmente limpia de adornos.

Esta es la imagen que llega hasta nuestros días y que queda grabada en el imaginario colectivo, y que a veces, más que un barco atracado en el borde de la ciudad, parece más un chiringuito vestido con gran profusión de adornos.

Por motivos de pura necesidad de adecuación funcional y de accesibilidad, se acomete la reforma del Club hacia 2012, finalizando las obras en 2015. El proyecto corre a cargo de José Ángel Medina Murua, arquitecto que previamente ha realizado la tesis sobre esta pareja de arquitectos, por lo tanto es uno de los grandes conocedores de este edificio.

Aspecto actual del edificio. Desconozco el autor de la fotografía.

En esencia, se hace una puesta a punto para que el edificio pueda tener un uso acorde a los tiempos actuales. Se actualizan los espacios de la parte superior (restaurante y sala de fiestas) y de la parte inferior (instalaciones del Club para los socios: vestuarios, etc.).

La reforma causa conmoción en la ciudadanía porque la transformación exterior es considerable, de ahí que una parte importante de la ciudadanía se quejara de la actuación e incuso iniciara un movimiento a través de Change.org para reponer el edificio a su estado originario.

Pero es que precisamente lo que se hizo, entre otras cosas, fue acometer una restauración científica, actuando en el edificio para llevarlo al estado originario en todos los aspectos que fueran posibles. Se hace así porque el edificio es Bien de Interés Cultural y por lo tanto su intervención viene claramente determinada por las Leyes de Conservación del Patrimonio, por lo tanto en esta reforma existió un doble control, tanto del Ayuntamiento de San Sebastián como por la diputación Foral de Guipúzcoa. Lo que no se hizo fue una labor pedagógica y de difusión de las actuaciones, que fueron las lógicas y razonables:

  1. Se decidió mantener la gran cubierta trasera, es decir, ser fiel a la primera reforma del edificio en 1947, por dos motivos: el primero de ellos, funcional, ese recinto era necesario para que el edificio pudiera mantener el uso de sala de fiestas o discoteca. Y el segundo, tras la reforma de 1947 el edificio queda prácticamente como lo ha conocido la ciudadanía, tengo dudas de si la reforma la firma Labayen.
  2. Se decide eliminar toda decoración superflua, todos los motivos de estilo náutico que se fueron incorporando a lo largo del tiempo. En este sentido, la reforma se basa en la documentación gráfica original para eliminar todo lo que sobra (viendo los planos de alzados originales se aprecia esto). En caso de no tener información fehaciente de cómo se resuelven algunos elementos, se decide hacerlo con materiales actuales lo menos invasivos posibles. Esto ocurre con la barandilla curva de vidrio sin carpinterías: una intervención acertada porque distingue claramente lo originario de lonuevo. En otros casos, se recuperan elementos del proyecto que desaparecen desde hace tiempo, como la escalera metálica blanca.
  3. A petición probablemente del Ayuntamiento, el edificio se adapta a la Ley de Accesibilidad, por lo se incorpora una plataforma salvaescaleras en el exterior. Esto es fundamental porque a criterio de cada vez más administraciones, cualquier edificio ha de poder ser accesible aunque sea en sus espacios fundamentales. Aquí también, la intervención fue la más lógica: en vez de empotrar un ascensor oculto (lo cual hubiera sido muy destructivo e irreversible) se adosa una plataforma elevadora en el exterior. Es una actuación reversible, lo cual es un criterio fundamental. Y el otro es que el añadido se realiza con materiales claramente diferentes, para distinguir lo nuevo de lo viejo. De manera similar, se recupera la escalera que baja al denominado cuarto de bañistas pero al no tener información fehaciente de cómo era, se decide construirla en materiales actuales.

En resumen, el edificio está ahora más cerca del proyecto original y guarda fidelidad a Aizpurúa y Labayen. Como dije ante las críticas en 2015, ‘se han quitado añadidos, volvemos al barco’. Como reflexión final: ha faltado que tras las actuaciones de rehabilitación se haya hecho una apropiada divulgación del mismo porque en apariencia uno podría pensar que se han cargado el edificio. En cada caso hay que ver qué prima antes, si la estricta protección del patrimonio u otras consideraciones como el uso o la accesibilidad. Hay que tener en cuenta que sin esta actualización es muy probable que el edificio cayera en desgracia. Garantizar un uso es el primer requisito para que el edificio se pueda conservar. Y, por último, una cosa es la foto fija que el imaginario colectivo tiene sobre un edificio, y otra bien distinta, cómo es en realidad el objeto originariamente, cómo fue concebido’.

Sobre Titulares clickbait. Y sobre el Náutico de San Sebastián.

Quiosco viejo, quiosco nuevo

Aunque el tema viene de lejos, hace pocos días salió en prensa que en Barañain (Navarra) van a demoler el quiosco que se construyó en 2003 para sustituirlo por uno ‘nuevo’, de esos clásicos ovalados, en pedestal y con hierro de forja y esas cosas.

Son 37.000 euros para la demolición y vaya usted a saber cuánto más para sustituirlo por un quiosco ‘clásico similar al de Zarautz’, comentan, horror hortera, los que mandan en Barañain.

El quiosco actual, ubicado en el parque del Lago, es un edificio de los arquitectos Luis Tena y Soledad Castiella, que ganaron el concurso de ideas hacia 2001. Se eligió esta propuesta ‘por la sencillez, rotundidad y claridad formal de la propuesta, un diseño compacto de ajustada escala, que en su abstracción y transparencia puede ser un elemento perfectamente integrado en el parque’.

La caja de vidrio y metal se ubica en el centro del parque, en el cruce de los dos ejes principales. Un parque de factura convencional que este elemento rotundo dotaba de unas nuevas cualidades: un signo construido en un paisaje impersonal.

En origen alojaba un bar en la planta inferior con aseos adaptados y un local diáfano en la planta superior, con la idea de ofrecer pequeños conciertos desde lo alto mientras la gente bebía sentada (maravilla de combinación) o como terraza cubierta en invierno. Se hizo además un sótano para alojar almacenes y otros usos menores.

Los grandes portones que se abrían y cerraban hacían que la caja fuese a veces opaca y a veces transparente, ofreciendo un interesante contrapunto en ese paisaje. El mecanismo, el edificio, dicen, no funcionó. O no se empeñaron. El cubo ha estado cerrado muchos años. Ahora, con la disposición de unas ayudas públicas, han decidido que para mantener los usos deseados lo mejor es tirar (37.000€) un edificio (500.000€) y construir otro (???.???€).

Luis Tena, coautor del edificio, propuso la mejora y la adaptación del edificio existente, a través de diversas operaciones: se aligera la infraestructura, se retiran elementos susceptibles de generar patologías, garantizando los usos que se exigen. Una intervención sostenible que no fue aceptada:

Vale más el ‘se tira’. Vale más el ‘se vuelve a hacer’.

El concejal de turno tiene sus preferencias: dice en los medios, prefiere un quiosco ‘como el de Zarautz o como el del Retiro’. Hace daño que se propongan ejemplos de lo que se pretende, como modelos a copiar. Edificios a dedo. Como si hacer un edificio fuera elegir de un catálogo de Leroy Merlin.

Pero hace más daño comprobar cuál es el modelo de edificio que se sigue deseando aquí y allá. Como si la contemporaneidad (en arquitectura, no en otros ámbitos) fuera una plaga.

Quioscos en blanco y negro para el siglo XXI. Dónde va a parar.

Los diferentes grupos políticos arguyen que se hizo un proceso participativo y que por lo tanto existe una razón de peso para tomar la decisión que se ha tomado.

El pueblo quiere edificios clásicos para tiempos contemporáneos. Pero vehículos híbridos y teléfonos inteligentes. Y, entretanto, nadie en los poderes públicos considera que quizá en el proceso participativo deberían tenerse en cuenta decisiones previas. Como por ejemplo que los edificios de hoy en día habría que construirlos con las expresiones propias de hoy en día.

Por mucha petición popular que medie, por mucho que una mayoría quiera llenar los parque y jardines de elementos anacrónicos con tufillo decadente a ‘Fin de siècle’, es necesario que desde los poderes públicos, desde la administración, bien sea a través de sus técnicos u otros organismos, se explique por qué en el siglo XXI es conveniente hacer edificios del siglo XXI.

Menos mal que la gente no pidió cocodrilos para el Lago.

De igual manera, me pregunto que si de un proceso participativo sale que hay que hacer un quiosco retro-decimonónico para conciertos actuales, es probable que no se haya tenido en cuenta la opinión de los músicos o gestores culturales que se dedican a la música y a hacer conciertos.

Es una torpeza colectiva pretender edificios clásicos para tiempos contemporáneos. Esto no sucede con el vehículo. Ni con las comunicaciones o con la medicina.

Quien quiera volutas primero debería desplazarse en carreta y operarse sin anestesia.

Desconozco qué hay que hacer con el edificio y si al final lo demuelen, pues bueno. Pero aquí va una triple reflexión como resumen:

a) Por sostenibilidad económica y social, se debería estudiar rigurosamente si el edificio puede seguir siendo útil.

b) Un proceso participativo mal diseñado no garantiza buenas soluciones. Ojo con los cocodrilos.

c) Es inaceptable que en tiempos actuales se propongan edificios de tiempos pasados.

Quiosco viejo, quiosco nuevo

#BreviarioRonchamp52

Hoy dará fin la peregrinación que iniciamos hace un año a lo largo de los 52 capítulos del Breviario de Ronchamp, una de las publicaciones fundamentales de este año 2018 que acaba.

Una crítica aproximativa o una investigación abierta, escrita por Josep Quetglas y editado por Ediciones Asimétricas sobre la capilla Notre Dame du Haut de Le Corbusier. Crítica aproximativa porque el objeto de la crítica (Ronchamp) es abarcado desde la multiplicidad de puntos de vista, teniendo en cuenta el lugar, el relato, el personaje, la iconología… Por lo tanto, un texto que se desarrolla desde la sugestión y desde el poder evocador de su arquitectura. Una crítica que, al contrario de las críticas dicotómicas tradicionales, es inclusiva, admite la interpretación y el error, construye nuevas ideas sobre lo que ya se conoce, enriqueciendo la obra. Un tipo de crítica que a mí me parece particularmente interesante porque añade nuevas capas de conocimiento a lo que ya se ha dicho con una cierta libertad poética y creativa.

También es investigación abierta porque se trata de un texto escrito a partir del profundo conocimiento que tiene Quetglas, sobre edificio y su arquitecto. Y que siendo una autoridad indiscutible prefiere apostar por un discurso abierto en vez de sentar cátedra.

Al final del libro, en ‘4 advertencias sobre el empleo de la palabra religión’ podríamos sacar alguna lección sobre cómo mirar la arquitectura, cómo hacer crítica de arquitectura, y cómo hacer investigación de arquitectura. Si la religión (entendida en el sentido más amplio) es rigor pero también es rito, así se ha escrito este libro, y así lo hemos aproximado a lo largo de 52 domingos. Pero la religión también es invento y creación, y así hemos obrado, también.

La burocracia académica está sumergida hasta el ahogamiento con su hambre artificial de publicación científica, con sus anecas, y sus más que indisimuladas prisas por hacer bulto, en donde a menudo queda patente la superficialidad del resultado. En este contexto, nunca se ha publicado tanto, se agradece este tipo de contrapuntos y de enfoques en relación con la investigación. Porque el Breviario es un extraordinario trabajo de investigación, innovador en su metodología y formato, pero riguroso en el respeto hacia el objeto investigado. Este tipo de publicaciones (crítica aproximativa e investigación abierta) pueden ayudar a marcar -o al menos insinuar- una necesaria alternativa en relación con el texto sobre la arquitectura.

En enero de 2018, al publicarse el Breviario, ese es su nombre, que consta de 52 capítulos para ser leídos con calma cada semana, una serie de amigos (algunos todavía no nos conocemos personalmente) decidimos por TW hacer comentarios cada semana, todos los domingos a las 17:00. Unos rezos por la arquitectura. Desde el #BreviarioRonchamp hasta el #BreviarioRonchamp52 (hoy a las 17:00) hemos llenado las RRSS de comentarios sobre Le Corbusier, la capilla de Ronchamp, una de las obras fundamentales del siglo XX, el propio Breviario. Con bromas y seriedad a partes iguales. Han transcurrido esas 52 semanas y el trabajo que hemos realizado ha sido arduo pero muy grato. Si hay que nombrar un coordinador o un actor principal, ese es Eduardo Almalé, quien ha dedicado todos los esfuerzos posibles a los preparatorios, puntual cada domingo.

Desde aquí mi gratitud, entiendo que la de todos nosotros: gracias Eduardo. Pep Quetglas iba siendo informado de los comentarios que se iban haciendo. Y en el transcurso de las últimas semanas nos ha enviado postales originales, de época, de la capilla de Ronchamp. Todo un lujo que al menos en mi caso está pasando las navidades en la tienda de enmarcaciones.
En resumen: un libro fundamental, editado por gente estupenda (gracias, Juan García, gracias María Fernández). Y por supuesto, ha sido un placer compartir estas andanzas con el resto de compañeros, que no son pocos. Tan buen sabor de boca nos ha dejado esto que es probable que el 2019 caiga una ‘peregrinación’ a Ronchamp como culminación de esta aventura.

Somos unos #arquifrikis.

#BreviarioRonchamp52

2018: balance del año.

Como el año anterior, el recorrido’18 ha sido muy positivo.

Paso de puntillas a comentar cómo ha ido el negocio porque estamos muy contentos y eso es lo que cuenta. El número de ‘carpetas’ ha sido menor que en años anteriores pero vamos teniendo trabajos de una envergadura algo (aaaalgo) mayor, lo cual deja tiempo para hacer las cosas con la dedicación que merece. El fundamento de lo que hacemos son las reformas de viviendas y el ‘papeleo’. Cada vez vamos teniendo un margen mayor para atender a clientes particularmente interesados en los servicios que puede prestar un arquitecto, más allá del que viene porque necesita que alguien le firme un papel. En todo caso, y siempre lo comentamos, el arquitecto puede prestar un valor añadido a esa mínima exigencia para que el proceso de una obra, muchas veces largo y complejo, pueda llevarse a cabo y sea vivido como una experiencia positiva o al menos no desastrosa.

En las últimas semanas hemos finalizado 2-3 obras con resultados muy agradables. Nos falta poner un poco de orden en nuestro trabajo porque una cosa que solemos dejar de lado es rematar la faena con un buen reportaje fotográfico. Nos da pereza y… pudor. No deja de ser el retrato final de una parte de la intimidad de las personas, una especie de invasión a una determinada forma de vivir, un arqui-paparazzismo que resulta ciertamente incómodo. Además de que es una gestión que a mí al menos me da una auténtica pereza.

Por hacer un repaso a proyectos que nos han parecido particularmente interesantes: tuve la suerte de elaborar, junto con ERDU, el estudio socio-urbanístico del barrio en el que trabajo. También han finalizado recientemente las obras de la cercana plaza de los Molinos, realizada por los técnicos del ayuntamiento pero que partió de un proceso participativo en el que colaboré con los planos iniciales y que se han mantenido en el proceso, lo cual a uno le deja bastante feliz.

También hemos sufrido una pequeña gran transformación en nuestra marca: Arquitectura Minorista de repente pasó a ser lo que es ahora (para bien o para mal, aunque personalmente nombre antiguo me crujía en los oídos desde el primer día). De la mano de esta decisión, una futura obra de ampliación de la oficina que llevaremos a cabo cuando tenga ganas (dinero) y tiempo (dinero) para dejar la oficina en condiciones definitivas, habida cuenta de que mi espacio de trabajo son en la actualidad 18 metros cuadrados.

Además del día a día laboral este año hemos vivido experiencias muy interesantes. He desvirtualizado a muchos compañeros de las redes sociales, fundamentalmente de la vecina Twitter. Si una red social tiene el poder de trasladar las relaciones de lo virtual a lo real, ahí va mi aplauso. Porque de ahí salen amistades y vivencias muy enriquecedoras.

Por otro lado, estoy ilusionado con pequeño proyecto personal, que es el de intentar sacar un libro sobre la casa Fernando Gómez en Durana, del arquitecto Sáenz de Oíza. La cosa va lentísima porque el poco tiempo que tengo para seguir adelante van saliendo pequeñas novedades que me entretienen en este camino editorial.

Como última novedad, ando dando el tostón como vocal de cultura en la delegación de Álava del colegio de arquitectos. Hemos montado alguna pequeña exposición, algunas charlas, mesas redondas y otra serie de acciones que han tenido muy buena acogida. Estamos empecinados en lo que consideramos algo fundamental: por un lado estrechar la relación entre los arquitectos y la ciudadanía (si es a través de la puesta en valor de la arquitectura moderna y contemporánea mejor que mejor); y por el otro, aunar esfuerzo e intereses entre los arquitectos y la administración, porque no somos ‘perros verdes’. De aquí mi agradecimiento a la junta, formada por compañeros con una disposición al trabajo y a la iniciativa inmejorable.

Como bien sabe el que me conoce, parte de mi actividad es el dibujo, que este año ha sido constante, casi diario. Si bien por lo general dibujo de forma dispersa, con temática, formato y técnicas ligeramente diferentes, en el último tramo de este año vi ¡oh! la luz con una serie de ilustracioncillas que, convenientemente relatadas, pretenden adquirir forma de librito: esta es mi primera promesa de cara al próximo 2019: quiero dar vida al hombre del sombrero de copa y no cejaré en este empeño :).

Como cada año… estamos contentos con el trabajo y orgullosos del sitio donde trabajamos.

Gracias 2018. Feliz año 2019.

2018: balance del año.